La creación del mundo

LA CREACIÓN DEL MUNDO[1]

Hace mucho tiempo, cuando el universo era un puñado de rocas inertes y la oscuridad lo envolvía todo, nació una piedra mágica en cuyo interior se ocultaba la luz. La diosa Aclis[2] decidió apropiársela y tomar el poder que encerraba. Pero Aclis no estaba sola y no era la única que ambicionaba aquella magia. Su hermano Dylan también la ansiaba y cuando ella se hizo con la piedra corrió para arrebatársela. La lucha de los dos hermanos fue terrible, pues ninguno sentía compasión por el otro.

Durante eones aquella batalla se continuó, hasta que un día Aclis y Dylan golpearon con su magia la roca al mismo tiempo. La piedra se quebró y la oscuridad desapareció instantáneamente del universo. La luz era tan intensa que los dos dioses se vieron obligados a huir hacia las tinieblas que quedaron tras algunas rocas. La luminosidad provocó que más y más rocas estallaran en miles de pedazos que cubrieron el universo entero. Algunas piedras eran especiales y tras estallar se convertían en puntos luminosos que hacían desaparecer la oscuridad allá donde estaban.

El caos reinó entonces y los dioses decidieron castigar a Aclis y Dylan desterrándolos de su reino. Pero no tenían lugar al que llevarlos, pues todo estaba lleno de fragmentos de roca y de puntos luminosos. Entonces  Belannia[3], diosa entre las diosas, decidió crear un lugar que sería su cárcel por toda la eternidad. Creó cuatro fuerzas elementales a las que llamó fuego, tierra, viento y agua. Vio que cada una de aquellas fuerzas precisaba de un gobernante y concedió así el poder a cuatro entes: a Flámea le entregó el poder del fuego; a Terránio le concedió poder sobre la tierra; a Eóna le dio el mando del viento; y por último le concedió el control del agua a Ydranio.  Les ordenó crear una prisión para los dioses caídos y ellos obedecieron.

Terránio recogió los restos de varias rocas y los unió formando una gran esfera que no lograba contener. Entonces Flámea utilizó el poder del fuego para envolver el orbe y fusionar así los pedazos, pero estaban tan calientes que nadie podría entrar allí para encerrar a los proscritos. Ydranio inundó el orbe para que se enfriara y finalmente Eóna hizo que el viento soplara removiendo las aguas hasta que dejaron libre suficiente espacio como para poder pisar la tierra.

Belannia condenó a los desterrados a ese lugar que sería su cárcel hasta el fin de los tiempos. Aclis y Dylan se vieron obligados a ocultarse en las montañas pues no soportaban la luz del día y allí siempre era de día. La diosa Belannia decidió dejar en aquel orbe a los reyes elementales que había creado y que así fueran los custodios de aquellos parias por siempre jamás.


[1] Relato mitológico sobre la creación del mundo en el universo fantástico de Las Brujas de Edein.

[2] Diosa de las tinieblas adorada por las brujas de Alin.

[3] Diosa madre de Yêrgal se la considera protectora de todas las criaturas dolientes.

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